La política territorial y sus formas

Greta Winckler

Resumen

La disputa por comprender cómo se llevan adelante diversos procesos de militancia política redunda en una lucha por la propia definición del término: qué es la política. O mejor dicho, qué se entiende por una manfiestación de lo político. A partir de los 60, se empiezan a cuestionar las formas de participación tradicionales vinculadas a organizaciones sindicales o a partidos políticos, dando espacio a teorizaciones sociológicas y antropológicas sobre los llamados “nuevos movimientos sociales”. En Latinoamérica, siguiendo las líneas reflexivas del llamado Norte global, también se comienzan a abrir campos de estudio que piensan la multiplicidad de manifestaciones posibles de lo político. No obstante, la relación entre imagen y política en este particular marco no formó parte (ni forma hoy) del derrotero teórico que tan fecundo fue y sigue siendo. Esto responde a una verbalización global de las ciencias sociales -que piensan a las imágenes como simples ilustraciones-. Actualmente se está cuestionando dicha concepción, sobre todo por el llamado giro afectivo que atraviesa a las disciplinas humanistas. Sin embargo, se ignora no sólo el giro icónico -si retomamos una categoría de los estudios visuales norteamericanos de la década del 90-, sino la riqueza que aportan las investigaciones de la antropología visual (que pueden rastrearse hasta el inicio de una disciplina como es la antropología a fines del siglo XIX); así como la perspectiva de la Antropología de la Imagen alemana. Lo mismo se puede apuntar repecto de la prolífica obra de Georges Didi-Huberman, cuya relectura sobre la metodología inclasificable de Aby Warburg es central para entender un tipo de saber anacrónico que hace posible las interconexiones menos esperadas entre diversos fenómenos de la vida social. Corrientes actuales como la sociología de la imagen, recuperada por Silvia Rivera Cusicanqui en Bolivia, obliteran el recorrido de los marcos teóricos antes mencionados, clausurando la potencia de la imagen a tímidos esbozos de una posible propuesta teórica, que al fin de cuentas es un retorno actualizado a las teorías semióticas que subordinan los mecanismos de creación de sentido de las imágenes a los del discurso.

Las formas que asume la política territorializada en países como el nuestro, en Argentina, no se explica sólo en el marco de una cronología del desarrollo de las prácticas de militancia y organización social. Se abren a múltiples fenómenos que entremezclan las fronteras de lo político-institucional, la militancia social, lo artístico y lo académico -como bien dieron cuenta las vanguardias locales en la década del 60 y del 70. En este marco, se recupera una genealogía pero no como una búsqueda por un origen primigenio y único, sino como una cadena de choques de experiencias y de procesos que permiten abordar las praxis del presente, y sobre todo la idea de forma. Esta compleja palabra, polisémica, se entiende aquí a partir de los aportes de Didi-Huberman y su vuelta a las visualidades promovidas por las vanguardias rusas de la década del 20, asi como el formalismo y el llamado conceptualismo en el campo artístico. El cruce de las vanguardias argentinas en el siglo XX entre arte, vida y política, alimenta y es central para entender prácticas que hoy se observan en las múltiples manifestaciones de la política encarnada, por ejemplo, la ola feminista.

Publicaciones

“Genealogía visual de movimientos juveniles: el arte y el cuerpo en la manifestación política. Una mirada desde la Antropología Visual” en e-imagen Revista 2.0, Vitoria-Gasteiz-Buenos Aires, Sans Soleil Ediciones, marzo  2016

“La manifestación política y sus formas. La acción colectiva y su entorno visual”, en Antropología e Imagen. Guarini, Carmen; Gutiérrez de Angelis, Marina (comp.). Buenos Aires, Editorial Sans Soleil. 2015