Uno de los rasgos distintivos de los estudios sobre la cultura visual es el de tomar en consideración todos aquellos elementos que contribuyen para que una imagen se configure materialmente: una imagen encarnada cuya presencia en un contexto cultural específico viene determinada por factores materiales, técnicos y espaciales que no pueden ser ignorados. Esta línea de investigación aborda el estudio de la relación entre las imágenes, los medios portadores y el cuerpo en el escenario contemporáneo de las redes sociales y lo que denominamos cultura visual 2.0. Estos nuevos medios portadores, sus cualidades técnicas y su difusión masiva suponen un verdadero desafío teórico y metodológico para comenzar a comprender los modos de producción de sentido y las relaciones establecidas entre los sujetos y el campo de la visualidad tanto contemporánea como en épocas pasadas.

Como todas las imágenes materiales, también las imágenes digitales son imágenes precarias, cuya existencia se encuentra amenazada por diversas formas de deterioro. Lo que distingue a los estudios sobre la cultura visual es la atención puesta en la diversidad e historicidad de los distintos soportes y por el modo en que cada soporte, con sus particularidades, tiene importantes repercusiones sobre la producción, circulación y recepción de las imágenes al interior de un contexto cultural específico. Dentro del campo de los estudios de la Cultura Visual, la cuestión del soporte es abordada en términos histórica y culturalmente situados, considerando a los soportes como parte de estas condiciones técnico-materiales que contribuyen a determinar los modos en que una imagen circula, cambia, se transforma y es observada al interior de un determinado contexto cultural (Pinotti y Somaini, 2016). Con la llegada de internet, los canales digitales permiten una difusión global y viral de imágenes, que constituyen aquello que ha sido definido como el “global flow of visual culture” (Sturken y Cartwright, 2009). Un milieu digital a través del cual las imágenes circulan de forma veloz, manifestándose sobre las pantallas de todas las dimensiones, desarrollándose como imágenes intrínsecamente “compartidas” (partagées) (Gunthert, 2015) aunque siempre vinculadas a alguna forma de materialidad.

La imagen en la cultura visual contemporánea plantea desafíos teóricos profundos que implican la cuidadosa revisión de conceptos como el de medio y soporte pero también el de dispositivo. Por ejemplo, la historia y las transformaciones contemporáneas de la pantalla, que constituyen el campo de estudio de los llamados screen studies han sido abordadas desde múltiples perspectivas que señalan la gran difusión reciente de las pantallas táctiles. Francesco Casetti, alude al modo en que en el panorama medial contemporáneo las pantallas se han convertido esencialmente es un punto de articulación, de tránsito y de momentánea visualización de imágenes que circulan continuamente en el espacio social. La pantalla se ha convertido en un display con diversas funciones que deben ser pensadas a través de nuevos conceptos. A su vez al hablar de soportes y de pantallas es necesario tener en cuenta las transformaciones que supone el pasaje de lo analógico a lo digital.

De la naturaleza de los soportes dependen los modos en los que una imagen puede ser producida, reproducida, visualizada, manipulada, archivada, transmitida y compartida, así como su duración y capacidad de permanecer en el tiempo. Las imágenes en la cultura visual 2.0 responden a los condicionamiento de nuevos dispositivos de la mirada, dispositivos que se han impuesto como articulaciones óptico espaciales, pero también epistémicas, políticas e ideológicas, capaces de asumir una concepción específica de la visión y de la posición del sujeto frente al mundo.